Sobre los embarazos no deseados en España
La otra noche estuve conversando largamente con una miga en Barcelona, su nombre es Cecilia y tiene apenas 24 años, vive sola en un apartamento desde los 19, que es cuando dejó Málaga para venirse a estudiar a Barcelona. La oportunidad de vivir con mayor intensidad el hecho de vivir sola no le preocupo hasta ahora. Tenia la sospecha de estar embarazada, me dijo mientras tomábamos un café luego de un delicioso almuerzo invitado por la alegría de volverla a ver después de unos años.
Madrid es una ciudad bohemia, una ciudad que no se detiene a descansar y Marcela –mi amiga- había sido embelezada por esa posibilidad desde que se mudó a esta ciudad. Nunca descuidó sus estudios, pero tampoco descuidó la buena vida y las fiestas imparables de los fines de semana, ya sea con amigas a las que llevaba a su apartamento para emborracharse cantándose cosas y relajándose por las intensivas clases o con amigos o chicos que conocía en los bares y discotecas y que muchas veces terminaba enamorándose de alguno por un tiempo que jamás superó los dos meses.
Así estuvo por años, solo calmaba su bohemia cada dos meses que sus padres o algún familiar la visitaba para asegurarse de su buen estado, mientras se dedicaba a sus estudios, a desarrollar su carrera de derecho y de idiomas. Marcela es una chica muy linda, muy sonriente y no difícil pensar que tuviera miles de pretendientes, infinidad de chicos esperando la oportunidad precisa para conquistarla con palabras bonitas. Muchos de ellos solo buscaban una cosa: sexo. Marcela me contaba que solo buscaba experimentar, conocer chicos, que ella solo quería vivir la vida y ser como es, sentirse libre y sin tener que darle explicaciones a nadie de lo que hacia. Era una chica muy liberal en ese entonces.
Hasta que conoció a un chico que la cautivó por completo. Este chico era mayor que ella por unos años y ya ejercía su profesión, se habían conocido en una discoteca y el amor brotó entre ellos al instante. Según me contó Marcela, su visión de la vida desde ese entonces comenzó a cambiar, dejó de interesarle la bohemia y las ganas de experimentar, me dijo que ese chico realmente la conquistó. El tiempo transcurrió y con él también transcurrieron muchas cosas que le hicieron notar lo enamorada que estaba. Marcela era una chica muy voluble y pasaba rápidamente a los extremos de una emoción. Resulta que después de casi año y medio de relación estable y feliz con el chico, ella jugaba con la idea de querer salir embarazada, el chico por supuesto que no le hacia caso, pero el destino se encargó de darle una lección.
Su excesiva ansiedad por vivir al máximo y experimentar sin reparos, le pasó factura. Si bien la relación con este chico le dio una relativa estabilidad, su impulsividad de emociones la llevó a desear cosas que posiblemente eran sensaciones pasajeras únicamente y no resultado de un verdadero sentimiento. Ahora lleva una semana de retraso y se arrepiente de todo. El chico que tanto quería desapareció del mapa, apenas se enteró de la noticia partió a Francia dándole prioridad a su futuro profesional. La relación había ido bien hasta entonces, pero jamás habían acordado planes a futuro.