La educación sexual como generadora de valores

¿Sexo? ¿Qué quieres saber?, es la respuesta del típico chiste en el que un padre siente que es la necesidad de hablar sobre  sexo con su hijo y este  responde  irónicamente dando a entender que  es el hijo quien sabe más sobre el tema. Este chiste refleja  en pocas palabras la actualidad de una sociedad en que los jóvenes cada vez  viven  a una velocidad más intensa, la tendencia  de las nuevas generaciones por explorar y vivir  libremente enfrasca al sexo como uno de los principales intereses. 

Hablar sobre sexo ya no es  problema, ya no tampoco  un tema tabú en muchas sociedades. Hablar de sexo hoy en día resulta tan común como hablar de algún deporte. Y esta tendencia  puede crear dificultades para quienes recién  están empezando a ingresar a la polémica. Cada vez más, es común escuchar sobre las relaciones pre- matrimoniales, sobre las aventuras de chicas y chicos con parejas  de una noche, inclusive dichas experiencias se toman como trofeos y  hechos dignos de contar, como etapas por las que uno debe pasar obligatoriamente si es que desea ser reconocido o reconocida por el grupo social (este grupo social  esta conformado normalmente por los amigos), en las generaciones jóvenes el sexo es visto como una categoría en la que  se define el nivel de madurez que uno pueda tener, en los hombres especialmente se cataloga como la experiencia sexual  que puede reforzar su virilidad y en las mujeres –escapando al tradicional machismo en ciudades mucho más liberales-, la capacidad de distinguir las experiencias como  fuentes  absorción  de información sobre los hombres, útiles para  concretar la siguiente relación.

 

Estadísticamente esta comprobado que  hoy en día el inicio sexual (la primera relación sexual y el paso a un estado  sexualmente activo), se da a menor edad que hace  ocho o diez años, cada vez los jóvenes sienten curiosidad por el sexo a  edades más tempranas, esto por la influencia de los amigos mayores y de los medios de comunicación. La falta de  entendimiento sobre el tema, muchas veces sorprende  a los jóvenes  en la ignorancia, lo cual genera una experimentación  ausente de responsabilidad y respeto. Se toma al sexo como una experiencia necesaria para madurar y no como un hecho  que conlleva a un nivel alto de responsabilidades. Lo que  los impulsa a experimentar es básicamente la curiosidad, los rumores y las  historias de los amigos que se comportan  como  el grupo más influyente  en la edad del despertar sexual.

 

Entonces, en una sociedad  tan involucrada como el tema sexual, con tanta desinformación y tanto ímpetu juvenil por incursionar  en las relaciones sexuales, parece importante  forjar una adecuada  educación sexual, una formación  educativa respecto a la sexualidad, no solo para aprender a valorar y  respetar  la sexualidad, sino que también para informar sobre las consecuencias y las posibilidades  que  el tener una sexualidad activa puede conllevar. La educación sexual  no solamente  es impulsadota  de información sobre el tema, sino que además  puede funcionar como una herramienta regeneradora  de valores y estimulante de  una posición un poco menos desenfrenada sobre la sexualidad.

   

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